Repasemos: Los «godos» son malísimos.

Repasemos: Los «godos» son malísimos.

Como la inteligencia exige el buen uso de la memoria, he pensado que convendría que hiciéramos una pausa y recordar cómo ha ido este verano y, en concreto, el activismo manipulador en twitter para fijar eso que llaman «la narrativa» cimentando mitos. La estación empezó caliente, con la rebelión popular en Venezuela y la percepción, por fin, por parte de nuestra narcotizada Sociedad, del gobierno delirante de los socios de Podemos. Lógicamente, nuestra «izquierda» estaba de los nervios, había que buscar «una cabra», que decían los que manipulaban las asambleas universitarias.

Y apareció la «cabra».

En Estados Unidos, desde los tiempos de Jack Johnson, pero especialmente desde los de  Joe Louis y Max Schmeling, siempre que hay un combate de boxeo entre un blanco y un negro (el burro delante), en este caso Mayweather vs McGregor, pasan dos cosas: el blanco se lleva una paliza de campeonato y, en los previos, se calienta el ambiente sacando el gusano del supremacismo blanco. Ya está, saltó la «cabra» y todos los aldeanos globales se lanzaron a demostrar lo mucho que (no) saben de Estados Unidos y los muy demócratas que (no) son, acusando al patoso Trump de nazi, cuya hija querida está casada con un judío al que quiere como a un hijo. Patético.

¿Y los demócratas venezolanos y sus refugiados? Pues que se joroben y viva Podemos, caray. «Narrativa controlada». En fin, al menos quedaron imágenes valientes, como las de una madre afroamericana sacando por las malas a su hijo Millenial de la manipulación, en este caso, de los «Antifa»; no se la pierdan. La percepción del racismo, allí, es principalmente demócrata, otro indicador de la fuerte división del país.

Explosión «multicultural».

Justo cuando nuestra «izquierda» respiraba aliviada y triunfante tras conseguir ocultar el drama venezolano, va y ocurre el ataque islamista en Barcelona. Toda una desgracia para la causa nacionalista y neocomunista: su experimento demográfico nos explotó en la cara. ¿Qué hacer, como en el 11M? No, mejor un eslogan: «vuelve la islamofobia». ¿Lo qué? ¿Es que se han enseñado las tetas en una mezquita, «arderéis como en el 718», han detonado un coche bomba tras sus rezos, degollado un imam? No, pero coló. Mientras, el «proces» reconducía la tragedia hacia su jardín de infamia.

Dos casos llamaron mi atención: uno, un director de un medio asalmonado que va en picado pidiendo «que no volviera el espíritu de la Reconquista». Pero si los que quieren una reconquista son los terroristas. El otro, una bloguera que salió con la historia rosa del Islam, igualita que la de Franco solo que los godos eran malísimos y el Islam buenísimo. Menuda trampa; comparaba una tribu con una civilización, que siguiendo el hilo, los godos hoy serían los suecos y llegar hasta ahí no interesa, claro.

En fin, manipulaciones aparte, esa bloguera me recordó que, cuando vimos las «Eras de Hispania«, dejamos fuera la economía de las Eras de la Reconquista, así que hoy le daremos un vistazo rápido, comparándola con la islámica, usando igualmente los datos de renta per cápita en dólares Geary Khamis de 1990 calculados por Agnus Maddison y la Universidad de Groningen.

Arruinando civilizaciones.

Donde mejor se nota el efecto del sistema político del Islam es en la antigua Mesopotamia, cuna de la civilización humana y tierra en disputa desde el colapso del Imperio seléucida, primero entre romanos y partos y luego entre bizantinos y sasánidos. Mientras estos últimos combatían (siglo VII) por apoderarse de la joya de la corona del Mundo Antiguo, por el sur, un grupo de guerreros a camello, con un credo hecho para la guerra y la expansión demográfica, «descubren» la utilidad de la caballería ligera y la convierten en una arma invencible, ideal para controlar extensos territorios con un contingente relativamente reducido; con ella acabaron con casi ocho siglos de guerras de desgaste imperial.

Siguiendo las orientaciones de sus fundadores nabateos, los musulmanes se dirigen a dominar los principales centros comerciales de entonces: Damasco, El Cairo, Alejandría, y las ciudades de Mesopotamia («Iraq» en la gráfica, uso del término). Fundan Bagdad, de donde vienen muchas de las fantasías sobre las excelencias islámicas, y, al pacificar ese territorio, sube la renta per cápita hasta que comienzan a islamizarlo y a aplicar la sharía, entonces surgen las revueltas de cristianos, mazdeístas y yazidíes, entre otros, y empiezan a cortar cabezas hasta someterlos; la renta per cápita cae, quedando peor que en tiempos de las disputas romano-«persas».

Lo que antes fue un territorio multicultural como pocos, fue destruido y no volvió a levantar cabeza nunca más; en 1820 el PIB per cápita en «Iraq» bajó a 588 (Egipto a 475, Marruecos 430), el de «Irán» de 700 a 588, «Túnez» de 700 a 430. Un desastre de proporciones históricas como para pedir perdón una vez al año, todo lo contrario que con los «godos».

El caballo de Santiago.

¿Cuánto duró el orden secular establecido por Constantino el Grande, que «imperó» del 306 al 337 DC? «Pues si era secular, un siglo, ¿no?». Así es y en 406, cuando ya estaba para el entierro, aparecen los godos. No creo que seamos capaces de ver las dimensiones reales de lo que fue el colapso de la Roma Occidental, con sus guerras civiles y su consecuente colapso económico, pero lo cierto es que, a diferencia de la Roma Oriental, no aguantó la embestida goda y, hacia el 418 DC (de libro), en Hispania ya había nuevo orden: mandaban los godos y se aplicaba el sistema político Católico Romano.

Tres siglos (ciclos generacionales) después, en 711, la crisis se resuelve mal y unos traidores invitan a un ejército moro, que entra con su caballería; la historia la conocen. Desde entonces no se ha hecho otra cosa que montar una leyenda rosa de aquello, que es como nuestra Leyenda Negra elevada a la -1. Si quieren pasárselo bien derribando mitos (o falsando teorías históricas erradas) hagan las cinco preguntas del periodista y lo normal es que nada cuadre, de la población de Córdoba, envidia de los aztecas, de profusión editorial (ni Planeta, vamos), los números arábigos (en realidad de la India), la genética de nuestras poblaciones o confundir la vanidad de un tirano que construye un palacio, o algunos descubrimientos aquí y allá, con la bondad de una religión política es un engaño manipulador; por supuesto, Bizancio no hizo nada por preservar la Cultura Clásica, etc., etc.

Y sí, ironías aparte, incluso en los peores sistemas, el ser humano, de cualquier raza, consigue brillar, pero habría mucho que limpiar y  «matizar», y necesitamos más historiadores como Serafín Fanjul para derribar este ese mito suicida para Occidente, pues la manipulación de la Historia a que nos han sometido es, simplemente, increíble, lección que me temo aprenderemos por las malas.

Por otro lado, el Sistema Romano Católico (muy utilizado como «cabra», también), que hoy solo defienden unos que se auto denominan austríacos (¿?) y que no es el mío pues, como el actual, no es democrático y cambia muy mal de ciclo generacional, es muy superior al Islámico; sin entrar en el Renacimiento, por ejemplo, solo hay que ver los datos de renta per cápita, donde superamos al mejor Oriente Próximo pre-islámico a pesar de tener peor geografía económica y estar en guerra de liberación, con la mayoría de la población en el noroeste, repoblando el resto (véase origen de apellidos más comunes) y con una costa mediterránea dañada de antaño por las pestes, en especial Cataluña, que lo de los «paisös catalans» es demográficamente imposible.

Tres curiosidades godas.

Por esos caprichos de la historia, los actuales «godos», cuyo rey, siendo luterano, mantiene la alocución latina de su título, puede que terminen ayudándonos, otra vez, con nuestros líos internos.

– En el  concilio de Basilea de 1434 surge un conflicto entre suecos y españoles a cuenta de quién se sentaba más cerca del Papa; los españoles adujimos que éramos los buenos godos, que los suecos eran los vagos y sin iniciativa que se quedaron en Suecia. ¿Eran de Bilbao? No sabemos, pero lo de España no empezó con Fernando e Isabel, como saben.

– Los suecos custodiaron la única Biblia Valenciana que se salvó de la Inquisición y que, tras quemársele, solo quedó una página – ¡menos mal! – que dice textualmente que está escrita «en nuestra lengua valenciana». Aún así, los inquisidores nacionalistas y sus lacayos de «izquierda» trituran la realidad cultural propia de Valencia, entre otras, para imponer su mentira, otra. Ya, y los daneses hablan sueco.

– En la Universidad de Upsala se conserva el Cancionero de Upsala, impreso por Fernando de Aragón, Virrey de Valencia, que contiene villancicos en valenciano y en un español de los tiempos en que formábamos nuestra lengua común y sobre la que nuestra RAE, especialmente sus castellanistas, también han hecho su daño cultural.

Entre la historia rosa y la leyenda negra hay un territorio ideal para los hispanófobos que quieren saquearnos y destruir nuestro país, en él no hay ni rastro de sus fantasías porque, claro, según dicen, toda prueba ha sido destruida por cristianos, godos y el Estado español, que son malísimos en todo menos en eso. Es lo bueno que tiene los fines de ciclo, que la degeneración hace evidente las mentiras del pensamiento dominante. Esperemos que esta vez las cicatrices sean menores que las de la última guerra civil, que solo estamos en los comienzos.

© Luis Riestra Delgado. 9/9/2015.

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