La Odisea de Hispania I

La Odisea de Hispania I

PRIMERA PARTE.

            Estos días en que hemos estado y estaremos muy pendientes de Portugal, mientras repasaba la estadística de ese país, volvió a planteárseme un viejo interrogante: ¿Ha estado alguna vez Portugal mejor que España? En la búsqueda de la respuesta a esa pregunta, que sin duda tiene importantes enseñanzas para nuestro país, empecé a revisar antiguas estadísticas de renta per cápita y la respuesta fue rotunda: nunca la Producción Interior por habitante de Portugal ha superado a la española.

Pero, ¿qué entendemos por nunca? Pues más o menos desde que se pueden realizar mediciones adecuadas de las variables económicas. ¿Y “eso” cuando es? Pues “eso” quien mejor lo ha estudiado ha sido Angus Madison, un gran economista británico fichado por la Universidad holandesa de Groningen, que se fue hasta el año primero de nuestra Era. Con motivo de su fallecimiento el 24 de Abril del año pasado todos, en el mundo de la Economía, desde The Economist (ver enlace) hasta Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE (ver enlace), lamentamos tan grave pérdida para nuestra Ciencia.

Angus Madison, un hombre, a quien en sus propias palabras, le chiflaban las estadísticas, los números y las mediciones, dedicó casi toda su vida profesional a estimar el Producto Interior Bruto del pasado; en 1995 ya se había remontado a 1.820 para 56 países y en 2.001 tuvo listas diferentes “observaciones” hasta el año 1 D.C., en concreto para los años 1, 1.000, 1.500, 1.600 y 1.700. Quienes hemos conocido investigadores de la Historia como él, por cierto jesuitas, sabemos que cualquier objeción que se nos ocurre a su trabajo ellos la tienen más que resuelta hace años. Las mediciones están hechas en dólares Geary-Khamis de 1.990, algo que permite comparar la renta por persona y año de cualquier país en cualquier momento en términos de poder adquisitivo de 1.990; aunque se nos advierte de no hacer conversiones, una aproximación a Euros “españoles” de hoy sería multiplicar el valor por 1,36 (nada como que a uno le prohíban algo)

Siendo cierto que en este baremo siempre hay la objeción de cómo estaba distribuida esa renta en cada época, por la existencia de esclavitud y vasallaje, siempre la producción por habitante nos da una idea bastante buena de cómo debieron ser las cosas entonces. En España contamos con la ventaja de que el lector en general y el del Confidencial en particular, tiene un buen conocimiento de los hechos históricos y puede situarse bien en cada momento del tiempo; así que, hoy daremos, gracias a la estadística de Madison, un rapidísimo paseo por casi dos mil años de nuestra historia.

De Roma al Renacimiento:

Hacia el siglo primero, Hispania conformó su estructura territorial (ver mapa) y España, después de la actual Italia, era la región de Roma en Europa Occidental con mayor renta per cápita. Ninguna sorpresa, supongo, ¿no?, al fin y al cabo ya se cita a Tartessos (o Tarsis) en la Biblia como centro comercial de primer orden (Reyes I, 10:22), donde incluso es probable que existiera la manufactura en serie de joyería. Tras vencer a su rival marítimo, Cartago y conquistar su preciada península, Roma, sola en el Mundo, pasa su cénit abrazando contra natura el totalitarismo imperial con su decadencia económica; uno de los datos que más me interesan es la pérdida creciente de su cultura y su economía marítima (ver enlace). Desde entonces hasta el Renacimiento vendrá un durísimo y prolongado período oscuro en que prácticamente pasa todo lo malo imaginable; hay quien dice, medio en broma medio en serio, que semejante concatenación de desgracias durante un período tan largo parecieran el castigo de quien hubiera intentado matar a Dios, o a alguno de su familia. La producción per cápita cae casi al nivel de subsistencia.

            Hacia el año 1.000 la mayor “riqueza” está en Oriente Próximo, pero ni económica ni culturalmente, alcanzan, ni de lejos, los niveles de Roma; algo que conviene tener presente cuando se escuchen elogios sobre tiempos peores de quienes sufren del síndrome de Memnón. Es interesante observar también cómo sube la renta per cápita China cuando Europa bordea la Umma y comercia con Asia directamente; en ese tiempo solo las ciudades comerciales italianas habían alcanzado el nivel de renta de Roma, los demás países parten casi desde iguales posiciones, a partir de ahí empiezan a diferenciarse y vencen, como era de esperarse, las potencias marítimas.

No siendo historiador no juzgaré a los Habsburgo (una aproximación), pero es claro que, contando con la joya europea de Roma, no estuvieron a la altura. Solo diré lo siguiente: ¿Cómo es posible que un país que destaca, tras Portugal, por su innovación marítima con fines comerciales y que una de las primeras cosas que hizo en el Nuevo Mundo fue fundar universidades, sufriera un episodio como el de la Armada Invencible, castigara sus manufacturas y prohibiera en la Pragmática de 1559 a sus ciudadanos estudiar en universidades extranjeras? Uno entiende que ante las dimensiones casi siderales del hecho del Descubrimiento, con su riada de monetaria, se trastocaran todos los valores, pero las continuas y casi inmediatas crisis de deuda soberana debieron encender las alarmas de lo equivocado que era el rumbo impuesto a España, ¿no? ¿Algún déjà vu?

En relación con la Pragmática decir que, el estado y vitalidad de “La Academia” (en sentido “anglosajón”, claro) siempre es un síntoma de conflicto entre la Cultura Marítima y la Continental y de la potencia cultural de un país, esto es así desde las luchas entre Atenas (de Cultura Marítima) y Esparta (de Cultura Continental) A efectos de nuestros días, ¿han pensado nuestras universidades de hoy corregir su lamentable clasificación internacional o prefieren la sopa boba? ¿Les dice algo que tal vez la más influyente clasificación universitaria sobre la haga la Universidad de Shangai? ¿Ante las muestras de intolerancia y violencia irracional que se ven en nuestras universidades, piensan hacer algo sus autoridades o dejarán que se desbarranquen hasta clasificarse entre Cuba y el Cairo? ¿Son conscientes de la responsabilidad que tienen?

De La Ilustración a la Sociedad Industrial.

El estancamiento Italiano de casi 300 años puede servir para explicar en parte el caso portugués. Las ciudades italianas, que superan la producción por habitante de “Roma” antes que nadie, y que fueron ejemplo para Inglaterra y Países Bajos, pasan a vivir una especie de aislamiento complaciente y languidecen en su decadencia hasta que cristalizó el Risorgimento, momento en que el Reino Unido apoya decididamente la reunificación italiana, en contra de la fuerte y permanente apuesta de política exterior francesa por la división en cachitos de sus países vecinos; por cierto, esto último, desde entonces hasta hoy, explica muchas cosas de la Europa contemporánea.

            En 1795 las Provincias Unidas de los Países Bajos, cometen el gravísimo error histórico de  enfrentarse a Inglaterra y sus consecuencias se ven claramente en la gráfica. Nunca más, lección aprendida; a partir de entonces van tan unidos a la Angloesfera que casi forman parte de ella. A principios del siglo XIX, con excepción del Reino Unido y los Países Bajos, Portugal, España, Francia, Alemania e Italia parten de niveles de renta per cápita muy parecidos; cuando arranca el primer Ciclo Kondratiev (1.784-1.844, aprox.), el que tiene por motor a la industria textil, España, prácticamente no lo aprovecha y Portugal lo pierde. Habrá que esperar al siguiente Ciclo K, donde se hicieron los deberes atrasados de forma acelerada, desde la modernización política y educativa hasta la económica en la banca comercial,  la bolsa, la industria naval, la minería, la agricultura y la pesca, y en la que, además, los británicos impulsaron decididamente en España la siderurgia, indirectamente el textil y, a través de la Casa Rothschild, el ferrocarril, que es el que realmente eleva el nivel general de rentas. Italia y España se emparejan pero Portugal se queda atrás y el despegue de las potencias europeas es espectacular.

Sobre el desarrollo industrial francés soy de la opinión de que suele sobrevalorarse el efecto de la Revolución Francesa y al confundirla, a menudo, con la Ilustración, cuando no son lo mismo; cierto es que la primera es una característica fundamental de la Ilustración allí, en Francia, pero su influencia es más bien política y moral. Tan es así, que una causa importante del desastre francés en el conflicto franco-prusiano fue la baja alfabetización relativa de la tropa gala, algo que hizo muy difícil su correcta y rápida instrucción militar en comparación a la alianza alemana. Tal vez tuviera más influencia económica en Francia lo que ocurría, en términos científicos y empresariales, en Piamonte, Suiza, los estados alemanes, Países Bajos y Reino Unido, que la exagerada ilustración del pueblo francés.

En estos tiempos de estrechez económica, quienes sueñan trasnochadamente con revolucionar nuestro país (¿o es involucionar?), nos harían un gran favor si fantasearan (de fantasma) menos, y se centraran en el comercio internacional, en la modernización de la Universidad y de la Educación. Cuando hacen sus pancartas contra los mercaderes en preparación para lo que vendrá, deberían pensar a quien debemos nuestro alfabeto, por ejemplo, y, en vez de dejarnos abultadas facturas, hacerle menos ascos pijos al dinero, ese vil metal que ya es de plástico. Menos Socialismo y más Calvinismo, por favor.

Ya para terminar, decir que el Segundo Ciclo Kondratiev (1.846-1.896 aprox.) deja en evidencia dos de los temas persistentes en España: el primero, las limitaciones de la protección industrial sin un enfoque estratégico hacia su internacionalización, así como el reparto del excedente empresarial producto de la explotación del consumidor por las barreras, artificiales o no, de todo mercado doméstico tiene; y el segundo, las carencias competitivas de origen energético a las que de forma secular se ve sometida nuestra economía.

Dejamos para la semana que viene la segunda parte del viaje y, curiosamente, lo que parece nuestro retorno Ítaca, así como las implicaciones a futuro de este feliz “regreso” a casa.

Luis Riestra Delgado.

12/4/2.011

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