Donald Trump contra el Estado profundo progresista

Donald Trump contra el Estado profundo progresista

Puede que hoy no nos acordemos, tal vez debido a la enorme cantidad de información que consumimos y a nuestros padecimientos tras las locuras del Covid19, pero cuando Trump empezó a gobernar y, sobre todo, a cumplir sus promesas, muchos pensaron que terminarían matándolo, un temor que llevaba implícito el tema que exploraremos hoy: el Estado profundo («deep State») estadounidense y, como Trump vuelve por sus fueros, parece oportuno que examinemos el tema con cierto detenimiento.

Definición del término.

Aunque la idea de la presencia de un Estado dentro del Estado es tan antigua como el mismo Estado, el término «Estado profundo» debe su acuñación a las conclusiones del estudio de la política turca antes de Erdogán; entonces se entendía que dentro del Estado turco existía un sector encargado de mantener los logros modernizadores de Kemal Atatürk.

Con el cambio de ciclo generacional, que ocurre, más o menos, cada cien años, el Estado profundo turco cambió como lo hizo el orden (antes kemalista, hoy neo-otomanista) y el pensamiento dominante (antes progresista, hoy islamista) En Estados Unidos, pasará algo equivalente y su orden socialdemócrata y pensamiento dominante progresista darán paso a otros distintos – cambio que nos afectará a todos -, siendo el caso Trump solo es un paso más en esa dirección, una crisis que exploramos en las dos entregas de «Estados Unidos y la muerte del Progresismo», donde también explicamos por qué no seguimos la Teoría Conspirativa de la Historia, muy aficionada al Estado profundo.

Nación y Progresismo.

Se supone que todo Estado debe tener dentro de sí un grupo de servidores que defiendan los intereses permanentes de la Nación (¿Doctrina Palmerston?) y la protejan de sus peligros existenciales (no confundan Estado con Nación, como hacen «nuestros» políticos), llegándose a promover sujetos como Trotsky, Lenin o Hitler ¿Y quién decide quiénes son los servidores y cuáles los intereses? ¿Un grupito de iluminados? No, obviamente. Lo suyo es tener un Gobierno representativo de la Nación, para lo cual se requiere un sistema electoral representativo, cosa que en España no tenemos, contradicción que explota hábilmente el millonario vicepresidente del moño, el neocomunista promovido (¿o era proponido?) Iglesias III.

Lamentablemente, el Progresismo es enemigo de las naciones, pues su objetivo es un «Socialismo» en que gobierne una aristocracia socialista y donde los votos no cuenten, saqueo que justifican mediante el plagio disfrazado de racionalización, tema que exploramos en «El Progresismo y sus trampantojos«. Hoy, el Estado profundo está al servicio de dicho expolio.

Uno de los casos más claros de esto es cuando impiden sistemas electorales representativos e imponen a Europa partitocracias (UE incluida), supuestamente para evitar otra guerra, cuando en realidad, salvo que las ataquen, las naciones no quieren la guerra, de ahí que el Estado profundo estadounidense haya hecho, del hundimiento del Main hasta hoy, tantas operaciones de «falsa bandera«.

Peter Dale Scott.

Peter Dale Scott, un académico de la siempre influyente y determínate Universidad de Berkeley – hoy profesor emérito de Lengua Inglesa -, es considerado «El» experto en el Estado profundo y, a sus 92 años, con su espíritu renacentista, sigue dando guerra con el tema. Se le presenta como poeta, que lo es, pero al analizar su curriculum descubres que, además de ex diplomático canadiense, se graduó con honores en Filosofía y en Ciencias Políticas, con estudios de post grado en el francés «Instituto de Estudios Políticos» y en Oxford, donde se doctoró. Se le acusa de conspiranoico, a lo que responde que solo pretende analizar la «deep polítics» o la política del «deep State», que es lo que intentamos hacer hoy.

Su visión (muy resumidamente) es que el Estado profundo, más que una organización burocrática pública definida, es, a similitud de la expresión «Wall Street», que va más allá de la conocida arteria neoyorkina, una especie de comunidad de intereses – eso que yo llamo un «ecosistema» – más amplio que el Complejo Industrial-militar; además, sabemos por Teoría Organizacional, de la existencia de un organigrama formal y uno informal, de ahí que, acertadamente, al trabajo de Dale Scott se le encuentren similitudes conceptuales con Mark Lombardi.

Siguiendo la definición de Dale Scott, el organigrama informal incluiría lo que el mismo Gobierno Federal denomina «Comunidad de Inteligencia«, más grandes corporaciones industriales, Mass Media que crean la «narrativa» (a modo de Randolf Hearst), las Big Tech (que Dale tiene al otro lado de la bahía), Booz Allen y grandes bancos globales; yo solo añadiría a la FED, sobre todo por la existencia del black budget o «presupuesto negro» (existente de antiguo) y de los enormes fondos internacionales ilegales (por drogas, armas, etc.) y/o opacos que manejan. Así, mediante múltiples relaciones, El Estado profundo controla el Establishment y el devenir nacional e internacional; sería como el núcleo duro del Establishment.

COG y facciones.

Los miembros de esta especie de «ecosistema», además de departir en los múltiples «think tanks», la mayoría parasitarios y dedicados al propagandismo globalista, lo hace, tal como advierte Dale, en actividades relativas al COG (Continuity of Government) o «continuidad del gobierno» (en caso de una catástrofe), un plan de contingencia en el que, a partir de los 80’s, con Reagan, fue decisivo el trabajo de los neo-con Donald Rumsfeld y Richard (Dick)  Cheney, quienes trabajaron en los planes también como contratistas privados y que aplicaron los tras el 11S.

La aparición de los neo-con, algunos de los cuales son antiguos troskistas, nos lleva a las facciones del Estado profundo. Hay, seguro, dos: una facción patriótica, por los militares y otra, la de aquellos que simplemente les interesa forrarse sin ningún escrúpulo. Hoy, lamentablemente, entre la «izquierda» no hay patriotas y el Estado profundo estadounidense está al servicio de gente sin escrúpulos y/o del globalismo, último estadio del Progresismo.

En relación con Trump, conviene señalar que, a principios de la Guerra Fría, aparece un personaje peculiar que intentó entrar a fondo en el Estado profundo (y en otros sitios) en busca de comunistas  espiando para la URSS (había bastantes) que entraron con Roosevelt. Hablo naturalmente del senador republicano Joseph McCarthy (amigo de los Kennedy) a quien, cuando consideraron suficiente la limpieza, lo despacharon oportunamente aireando sus trampas, afición a la bebida y fanatismo; a su mano derecha, Roy Cohn, le acosaron por homosexual, persecución que a algunos les recuerda las malas artes de Roosevelt en la secretaría de Marina. Roy Cohn fue asesor legal de Donald Trump, y decía que Trump era su mejor amigo.

Génesis y desarrollo.

El Estado profundo actual se formó al cambiar el ciclo generacional, tras el crack del 29, cuando al llegar Roosevelt al poder, en sus intentos por arrancar el sistema y hacerlo estable, crea y/o consolida, además de todo un ordenamiento jurídico, un sinnúmero (literalmente) de agencias, que van desde la FED al FBI, etc.; dicho orden, con la SGM, se potencia de una manera espectacular hasta llevarnos a la CIA, DARPA y otros centros de I+D y centros de enseñanza, siguiendo después con la NASA y la interminable lista de «agencias» de hoy.

Pensemos que en 1943 y aunque no hay datos precisos del PIB mundial, dada la destrucción por la guerra, EE.UU. dedicó casi el 45% de su PIB a defensa (siguiente gráfica), lo que podría ser casi la cuarta parte del PIB mundial de ese año y todo ese dineral sideral entró en un orden que es el que ha evolucionado hasta hoy, con un clientelismo y  unas servidumbres enormes, tanto como su impacto en la Pax Americana, con su reparto global de la producción y sus organizaciones internacionales.

 

El caso Trump.

Hay muchos datos que confirman que Trump conoce a fondo el «ecosistema» en que se mueve y, aparte de su actividad empresarial en la selva neoyorkina o su amistad con Roy Cohn, destaca la que tuvo con Richard Nixon, con quien, por ejemplo, aparece en una foto en una recepción, tras llevarle en su avión, y con nada menos que John Connally, el Gobernador de Texas acribillado por la bala mágica en la limusina donde mataron a J.F. Kennedy, retrato de tres personajes, que a los postres, seguro que debatían entusiasmados sobre el románico palentino y las églogas de Garcilaso.

¿Fake news, fake impeachment and fake election? En los últimos 90 años EE.UU. ha tenido pocas elecciones normales. Empezando por las de la Gran Depresión y siguiendo por las de la SGM, el asesinato de Kennedy, su hermano, Martin Luther King, Watergate, la crisis de los rehenes en Irán, el atentado a Reagan, la extraña y oportuna incursión de Ross Perot, el lío electoral de Florida, las guerras del 11S, el crack de 2008 y ahora, el contestado triunfo de Biden con la confabulación empresarial denunciada por Time, tras un largo y duro acoso mediático y guerra económica contra Trump y sus empresas, sin olvidar el ridículo «Reichstagsbrand» del pasado 6 de enero, todo es muy peculiar. Lo peor hoy, cómo dijimos en su momento y ahora recrimina el juez de la Corte Suprema Clarence Thomas, ha sido no aclarar totalmente el resultado electoral último, dejando las heridas abiertas y seriamente dañada la legitimidad de Biden-Harris.

Salvo Stalin, con sus purgas, no recuerdo líder de una gran potencia que haya podido con el Estado profundo, así que Trump que hizo y hace lo que puede, tras declarar en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) que, entre otras cosas, está dispuesto a ganar a los «demócratas» por tercera vez, ha insistido en el fraude electoral, propuesto medidas sensatas para que no se repita, denunciado las fake news, defendido la Constitución y la «ley y el orden», criticado los grandes errores de Biden, pedido la eliminación de los monopolios de las Big Tech y alentado el patriotismo. En eso, no podemos más que desearle la mejor de las suertes pero, ¿y España y su Estado profundo, Sánchez y el voto por correo? ¿Ustedes, cómo lo ven?

© Luis Riestra Delgado, 1/2/2021. Publicado en Voz Pópuli.

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